«Se trata de negocios sí, pero también de impacto»

El día en el que me hablaron de Singa y del programa de emprendeduría para personas procedentes de la inmigración (Connexus) le dije a mi interlocutora: “Suena genial y a la vez según mi experiencia todo depende del mentor o de la mentora que te toque.”

Y creo que tenía razón, pero debo decir que en este caso no solo la selección de mi dupla no podía ser más acertada, también lo fue la del equipo altruista y profesional que compone SINGA, como la mayoría de las sesiones que decidieron compartir con nosotros, y como el resto de los emprendedores finalistas tan diferentes como inspiradores que se sumaron. 

Cuando me seleccionaron a mí, no me lo podía creer. Jamás mi proyecto, tan diferente, poco tecnológico, poco “escalable”, había llamado la atención de una incubadora, de un(a) inversor(a) o de un programa como ese.

Es que aquí no se trata de una competencia, no solo se trata de rentabilidad. Se trata de negocios sí, pero también de impacto, de seres humanos, con sus historias, sus culturas, se acepta y se da la bienvenida a la diferencia a “la diversidad”. 

Me sorprendió la profesionalidad (Nina y el resto del equipo), la calidad de la organización, de los timing y animación de las sesiones (Agos), la calidez del equipo y de su trato con todos, el contenido de las sesiones (especialmente las culturales de Mahmoud). Algunos de los workshops (especialmente de Marketing) fueron muy acertados y prácticos y fue apasionante conocer los backgrounds y orígenes de lo/as demás emprendedore/as y mentore/as (nacionalidades de África, Europa, Latinoamérica, Oriente Medio) y descubrir sus proyectos. Casi todos de impacto social. ¿Será que nuestras historias de vida, el ser de fuera, nos llevaron a todos a entender que el impacto importa? 

Conocí a Luis Bonell, mi mentor, una mañana de otoño en una cafetería de la Rambla Cataluña. Nos presentamos los dos, contando en unas dos horas, la historia de nuestra vida, desde los años de estudios, la vida personal, la carrera, las decisiones importantes, nuestras pasiones y llegamos a lo más importante: el porqué?  El propósito, la intención. Luis me preguntó qué tipo de impacto quería tener. Qué dimensión. Me preguntó si buscaba un estilo de vida o realmente un negocio (soy autónoma, y organizo viajes, la pregunta era “relevante”). Me gustó que fuera tan directo, transparente . Creo que conectamos “humanamente” en el primer momento. Me sorprendió su humildad y generosidad. Luis me dijo,” sinceramente no eres el perfil que esperaba encontrarme, (soy francesa, inmigración sí, pero del norte) no eres el tipo de persona que solemos acompañar en la Fundación (Barcelona Actúa) que llevamos con mi mujer, pero creo en ti, creo en tu forma de ver el turismo, mucho más sostenible y positivo y creo en tu proyecto. Vamos a empezar desde 0, sin prejuicios.

Ahora estamos juntos en eso. Tendrás que estar preparada para dar pasos atrás en tu negocio para poder trabajar bien los fundamentos y poder llegar adonde quieras llegar.” 

Me metí de lleno. Sentí que me había tocado la lotería. Y sí, CONNEXUS lo cambió todo. Entró en el proyecto mi socia y amiga Camila Seewald, quien siempre participó en las sesiones conmigo y con Luis. También se incorporó Helena, alumna de ESADE con una perspectiva externa, una predisposición a facilitar herramientas, a aportar a las reflexiones que teníamos y quien fue un gran apoyo en momentos puntuales del proyecto. Especialmente para ensayar presentaciones, para dar una crítica constructiva y hasta para compartir el proyecto entre sus compañeros de clase, su red. Todo sumó. 

Re-aprendi los básicos, pilares de un negocio de impacto, como definir el problema que queremos resolver, detallar claramente la misión que ahora alumbra cada decisión de negocio que tomamos. Rediseñamos los programas, el MVP, el modelo de negocio, con sesiones semanales y deberes además de las sesiones bimensuales con SINGA. Hicimos el plan de acción, el business y el marketing plan, hasta redactamos el pacto de socias. Entre muchas horas de trabajo, videollamadas con presentaciones, llamadas en momento de crisis, en almuerzos inspiradores, alrededor de un café, de una caña.

Luis nos ayudó a volver a crear fundamentos de un negocio viable, nos ayudó a ver qué no era un sueño, que íbamos en serio, que llegar a nuestro propósito de vida era posible.

Tuvimos que elegir caminos, renunciar a lo que no era viable, y afrontar los que nos daba miedo pero todas estas investigaciones nos permitieron llegar a reactivar el negocio. Y ya tenemos nuestro primer viaje programado (después de 2 años) y vendiéndose en diciembre 2021. Vamos a Senegal con 25 personas a recorrer 230 km en Fatbike y patrocinando 15 bicicletas que acompañarán a 15 niñas y niños en toda su escolaridad!!!

Ahora cuando tenemos dudas existenciales, reuniones claves con partners problemáticos que nos quitan el sueño, sabemos que podemos contar con él, que por encima de que haya terminado el programa, él está y estará, y nosotros por él. Creo que podemos decir que nos hemos vuelto amigos de verdad, con una conexión de alma muy profunda, y que sabemos recíprocamente que estaremos el uno por las otras, y recíprocamente. Fue realmente una historia humana mágica, y lo que aprendí con Luis, me va a acompañar en mi vida profesional para cumplir con mi propósito de vida sea con RuntheWorld o con cualquier emprendimiento.

Lo que nos queda pendiente, compartir alguna experiencia RuntheWorld con miembros de Singa, con Luis, ser testigos del éxito y de las dudas de los demás emprendedores y poder devolver lo que a nosotras nos dieron si es que podemos. 

Por Carole Sanchez, fundadora de Run the world.

Comparte esta noticia con tus contactos